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La casa de las mamparas
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Pilar Rivas denuncia que el Zaidín merece un Centro Cívico adecuado a las necesidades de uno de los barrios más poblados de Granada

Para la concejal no adscrita la moción que pretende expulsar a los trabajadores de Servicios Sociales del Centro Cívico no llega ni a la categoría de parche y lo que es más grave utiliza unas reivindicaciones legítimas solo para sacar rédito electoral. Una moción que evidencia incompetencia y manipulación y causa un grave perjuicio a la ciudadanía

Lo que empezó con dinero para la construcción de un Centro de Servicios Sociales acabará hoy expulsando a la Atención Social, repitiendo mentiras y errores del pasado.

Un Centro Cívico que nació con el dinero de la subvenciones para construir los Centros de Servicios Sociales de Granada, y por tanto ridículamente pequeño para las necesidades de un Centro Cívico en un barrio como el Zaidín. Se contentó con esto a los vecinos que reivindicaban un centro de participación vecinal y también a los profesionales de los Servicios Sociales que necesitaban un Centro digno donde atender, alejado de mamparas y baldas de armario como único despacho, que era lo que tenían en el alquiler de la calle Mirador de la Sierra. Así de antigua es esta necesidad de un mejor dotamiento de los equipamientos sociales del barrio. Tiempo han tenido los distintos gobiernos incluido el último para responder. Este engaño solo ha producido conflictos durante dos décadas. Conflictos entre dos áreas, Participación Ciudadana y Servicios sociales, con un peso político muy desigual.

Estos conflictos no siempre han estado latentes y llevaron recientemente a los sindicatos a ponerse de acuerdo en pedir la dimisión de la Concejala de Derechos Sociales por maltrato y abandono de la plantilla del area, hoy a un mes de disolver la corporación firman la expulsión de los Servicios Sociales del Centro Cívico, lo que da la razón a los sindicatos.

Que los mayores del barrio reclamen más espacio es tan legítimo, como impresentable es, que los actuales Concejales no sepan qué es un Centro Cívico, su necesaria simbiosis con los Servicios Sociales y la necesidad de convivencia de ambas dependencias en el mismo espacio. Eso sí, suficientemente dotado en función a la población que atiende.

La batalla sin cuartel entre ambas áreas también se pudo observar en el anterior mandato en el Centro Cívico del Albaycín, que se resolvió relegando a los profesionales a atender sin condiciones en un zoco pensado para locales de artesanía, calamidad que estuvo años en la palestra. Y como si no tuviéramos historia de la que aprender, hoy nos presentan una moción que pretende volver a enfrentar y acallar unas demandas legítimas, con soluciones chapuceras y echando a los profesionales de la atención social del Centro Cívico.

Los representantes públicos no somos una expenduría, estamos obligados y por ello se nos paga, no solo a escuchar, sino a escuchar a todas las partes, a estudiar las situaciones en toda su complejidad para dar la respuesta más adecuada. La falta de espacio para los Servicios Sociales implica una vulneración del derecho a ser atendidos dignamente, respetando el derecho a la intimidad. Compartir despacho entre dos o tres trabajadoras sociales implica contarle tus problemas con tus vecinos en la mesa de al lado. Pero además hay que entender qué son los Servicios Sociales Municipales, que tampoco son una expenduría. Los equipos de profesionales de los servicios sociales están obligados a realizar una intervención grupal y comunitaria sin los cuales la intervención individual pierde todo su sentido. La simbiosis entre la participación ciudadana y la intervención social tiene su base en la filosofía de los Centros Cívicos y es el pilar sobre el que se sustenta la integración social y la cohesión social así que la respuesta no es expulsar a uno ni a otros. La respuesta es la inversión en un Centro Cívico adecuado.

Vamos Granada presenta la esperpéntica moción y los demás la firman, alentados todos por las reivindicaciones de una de las partes agraviadas, la que vota. Una moción que es la viva imagen de unos representantes públicos que solo buscan salir airosos de su incompetencia, que utilizan lo que ellos llaman “oir a los ciudadanos” para satisfacer sus propias ambiciones partidistas, intentado hacer creer que esto va de funcionarios, con toda su carga estereotipada, contra nuestros mayores indefensos. Cuando esta historia va de profesionales, que atienden precisamente a nuestros mayores más indefensos en un centro que fue una mentira para todos y que ninguno ha sabido corregir.

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